Bajo la dirección del británico Asif Kapadia, en 2013 comenzó a grabarse la cinta que tres años después ganaría el premio Óscar como mejor documental: Amy.

A través de imágenes inéditas, el filme estrenado en julio de 2015 muestra la vida de la controvertida Amy Winehouse, desde lo difícil que fue para ella sortear el divorcio de sus padres; su incursión en la escena musical, hasta la manera en que la fama, las drogas, el alcohol y una relación tormentosa con su pareja sentimental, la fueron arrancando poco a poco de este mundo.

La cantautora es retratada fielmente, como una persona con una voz descomunal que desde adolescente tuvo claras sus ambiciones:

“Quiero que la gente escuche mi voz y que olviden sus problemas por cinco minutos, y quiero ser recordada por ser simplemente yo”.

Su talento le abrió las puertas de la farándula. Inmediatamente fue contratada por la discográfica Islande invitada por el productor Salaam Remi a grabar en su estudio.

Frank (en honor a Sinatra) fue el primer álbum de Winehouse. Aparecido en 2003, tuvo un éxito notable: disco de platino, nominado a los premios Mercury Music y ganador del Ivor Novello Award por el single ‘Stronger than me’.

El dinero que Amy Winehouse consiguió tras el lanzamiento de su primer disco le sirvió para comprarse una casa en el barrio de Camden, en su natal Inglaterra, donde también empezó una relación de fiesta con quien tiempo después se convertiría en su esposo: Blake Fielder-Civil.

Pese a que la artista siempre se mostró gustosa por la marihuana, fue con Blake con quien se hundió en sustancias más adictivas como la heroína y el crack. Bebían y salían cada noche, mientras Amy alternaba su vida desenfrenada con periodos de bulimia y anorexia.

“Necesito tener problemas para sentir mi fuerza creativa”, argumentó la británica en forma de negativa para dejarse ayudar, luego de que su manager, Nick Godwyn, alertara a sus padres sobre el peligro que corría si no se alejaba de su desordenado modo de vida.

Mitch Winehouse, el padre de la cantante, no sale bien librado en la cinta. De hecho, secunda la noción de no mandar a Amy a rehabilitación con el fin de que terminara sus obligaciones musicales, comprometiendo la salud de su hija a cambio de las ganancias económicas.

Este episodio en la vida de Winehouse fue inmortalizado en ‘Rehab’, canción que la volvió mundialmente famosa:

«Ellos trataron de hacerme ir a rehabilitación pero yo dije ‘no, no, no’ (…) no tengo el tiempo y mi papi piensa que estoy bien».

Dicho track fue sólo una muestra de la nostalgia que emanaría de Back to Black (2006), el segundo disco que Amy grabó bajo una apariencia muy diferente a la de tres años atrás, con seis tallas menos y un rostro notablemente demacrado.

Luego de su lanzamiento y promoción, el álbum producido por Mark Ronson, vendió más de 20 millones de copias en todo el mundo y se hizo acreedor de un doble disco de platino.

Aunque el éxito de Back to Black parecía prometedor, la muerte de su abuela, Cynthia Levy, nubló el panorama, y es que la cantante admiraba a esta mujer, quien la crió y fue su apoyo durante los años en que Winehouseintentaba superar la separación entre su madre y su padre.

 

La extinción de una estrella
Harta de ser cuestionada por el éxito de ‘Rehab’ y de estar rodeada de paparazzis, Amy se volvió intolerante con la prensa, además, poco hacía para mantener en relativa discreción sus excesos. De la nada se volvió un rostro en constante degradación, y ella, en el blanco de inagotables bromas debido a su apariencia.

“¿Vieron a Amy Winehouse en el periódico? Dios mío, pensé que era la foto de un caballo famelico” (Frankie Boyle, ‘Live at the Apollo’, BBC).

Cancelaba conciertos y entrevistas, hacía desplantes, aparecía completamente borracha en sus conciertos, Amy Winehouse comenzó a desplomarse en público.

La situación empeoró con el ingreso de su esposo a la cárcel, aunque paralelo a ello, la cantante se llevó cinco de los seis premios Grammy a los que estaba nominada.

Poco después, Winehouse tuvo que ser ingresada a un hospital debido a que sus pulmones sólo operaban al setenta por ciento de su capacidad por culpa de fumar ‘cocaína crack’, estaban completamente infectados. Se le diagnosticó enfisema pulmonar.

En los espectáculos siguientes, la gente fue testigo de una Amy desafinada, con la mirada perdida, estática en el escenario o incluso, totalmente ebria. Completó sus compromisos anuales cancelando varios conciertos, por los cuales, su agencia tuvo que pagar grandes compensaciones, y aunque se decía que estaba inmersa en la composición de su tercer album, lo cierto es que seguía ahogándose en sus propias tragedias.

La mujer de la voz rasgada seguía deteriorándose, por momentos dejaba las drogas, pero no pudo separarse del alcohol aunque sí de su marido, a quien le pidió el divorcio en los últimos destellos de vida que le quedaban.

Un día antes de su muerte se cayó a la salida de un taxi, poco antes de almorzar con su madre, Janis, quien dijo que parecía ‘ida’, como si Amy ya no estuviera en este mundo.

Aquel sábado 23 de julio de 2011, su guardaespaldas, Andrew Morris, era el único que estaba con ella. A las diez de la mañana, tras una noche de insomnio y vodka, Amy le dijo que quería dormir un rato y se retiró a su dormitorio. Cuando quiso despertarla, sospechó que no respiraba y que mantenía la misma posición en la cama de cuando se acostó. Llamó a una ambulancia y fue declarada muerta.

Con tan solo 27 años, la edad maldita que muchos talentos de la música no superan, Amy Winehouse murió por intoxicación etílica: se encontró en su cuerpo cinco veces más de acohol de lo que se admite para conducir.

En el trabajo fílmico, que también ha sido galardoneado con otros premios como el BAFTA como Mejor Documental; Winehouse es vista como una artista increiblemente talentosa con la puerta abierta a las drogas y el acohol; una mujer enamorada, entregada a su romance, presionada por los medios y deteriorada físicamente por sus desórdenes alimenticios y sus abusos.

El documental no intenta mostrar a Amy como una víctima, sino como lo que fue, una persona sin la fuerza suficiente para salvarse a sí misma.

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